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Fundación de Paita – 30 de abril de 1532

fundacion

 

En uno de los primeros días del mes de Enero de 1532, la expedición aventurera de Francisco Pizarro en tres bajeles con 183 hombres y 26 caballos, salió de Panamá haciendo el viaje lleno de dificultades de todo género que pusieron en peligro la expedición, arribando a la playa de Tumbes, pueblo de indígenas, de alguna importancia, a una legua hacia el interior. No fueron acogidos los españoles como en su primer viaje de exploración en 1528, teniendo algunas escaramuzas con los naturales, sin consecuencias emprendieron la expedición conquistadora la marcha hacia el Sur por la ribera del mar, o sus cercanías, a fin de estar siempre a la vista y en contacto con las naves que seguían el mismo rumbo Sur, las que tenían como comandante al piloto Bartolomé Ruiz. La gente de Pizarro arribó al fin a un lugar que los indígenas llamaban, Tambo de Amotape, en la margen derecha del río, siguiendo corriente arriba, llegaron a un lugar en donde encontraron a una tribu indígena cuyo jefe de calidad noble se llamaba “La Chira” por lo que los españoles entendieron que el rio se llamaba así.
Siguiendo siempre por la misma orilla del río llegaron a un lugar que los naturales llamaban Tangarará. Pizarro acompañó su hueste en Tangarará para dar un descanso necesario a su gente y pensó fundar allí su primer asiento colonial, con el nombre de San Miguel de Tangarará. Al mismo tiempo mandó que sus buques siguieran explorando las costas al sur, hasta encontrar un lugar abrigado, seguro contra vientos y desbordes de fuertes oleajes.
El piloto Bartolomé Ruiz al frente de los bajeles hizo su excursión hasta una basta ensenada comprendida desde una punta muy saliente de la costa que él puso por nombre Los Negritos por unas rocas negras aisladas, que estaban a regular distancia de la playa y de la punta falsa del cerro que la forma, con una pequeña cordillera cercana al mar y hacia el valle de Sechura.

COMISION DE EXPEDICIONARIOS
A Pizarro le interesaba mucho el reconocimiento del territorio en que actuaba, principalmente en dirección al sur y despachó con ese propósito una pequeña expedición exploradora, mandada por un tal José Martínez de Ubillus que avanzó a mas allá del poblado de la campiña de Sechura.
Ubillus de regresó al campamento de Pizarro en el valle de Tangarará, encontró al piloto Bartolomé Ruíz que había desembarcado su gente en un lugar bastante abrigado de los fuertes vientos y con una playa muy mansa que le permitía varar sus buques para repararlos, porque hacía mucha agua por las juntas de sus tablones. Ubillus y sus demas compañeros estando de acuerdo en que este lujar era inmejorable para el arribo de bajeles y cerca de la fundación de San Miguel de Tangarará dejaron a Juan de Vallejo y marinero de los buques componiéndolos, mientras que el piloto Bartolomé Ruiz con Ubillus fueron a dar cuenta del resultado de la exploración, lamentando solo que el sitio que habían encontrado, tan excelente para un puerto, careciera de agua, leña y hierba para los animales, que no se encontraba a varias leguas a la redonda de esa región que era muy árida y despoblada de gente.
El piloto Ruíz hizo conocer a Pizarro que a pesar de lo dicho le informaba que en ciertos lugares de esa zona habitaban algunas personas en grupos, de la tribu de pescadores dispersos en las playas del litoral, que se abastecían de abundantes víveres que transportaban en grandes almadías (balsas) de unos troncos gruesos de una madera liviana, porosa (palillos) en que navegaban los indios, que hacían aguada en grandes vasijas de arcilla que ellos sabían construir bien y que el litoral era abundante en pescado y los víveres como la yuca, maíz y raíces como el camote, papas y diversas frutas que conducían en sus almadías de la boca del río Chira a sus chozas de la playa del varadero (Payta) y a otros lugares del litoral hasta Sechura.

EL ENCUENTRO
De regreso José Martínez de Ubillus y el piloto Bartolomé Ruiz al lugar designado por Pizarro, en donde se encontraban los bajeles inservibles para navegar, era mejor emplear el maderamen y material en la casa Tambo de Payta que quedó confirmado, de lo cual Juan de Vallejo levantó acta de su puño y letra y del piloto Bartolomé Ruiz, haciéndolo también los 38 marineros de los tres bajeles, que aunque no sabían escribir la suscribieron, haciendo un signo de la cruz, cuyo documento se mandó a Pizarro en Tangarará.
Algunos expedicionarios que llegaban enfermos del viaje sin poder seguir se quedaron, avecindándose en Payta, entre ellos dos frailes de la orden franciscana, que con el aumento de españoles que iba teniendo el poblado del puerto, resolvieron quedarse, emprendiendo la construcción de una capilla para el culto, en la que una vez concluida se dijo misa en ella, dándole ceremoniosamente al Tambo el título de San Francisco de Payta de Buena Esperanza , por ser los frailes Franciscanos y también por llamarse el conquistador, Francisco.
En el convento de Colán el acta de fundación lo encontré. Un responsorio del Padre Estolaza de la Orden Dominicana. En otro papel pergamino se refiere a noticias a la casa Generalina Burgos, La fundación del Tambo de Payta al 30 de Abril de 1532 con los pormenores del caso que aquí se menciona.
N. de R. Manuel Gómez Laines fue nombrado amanuense del Consejo Provincial de Paita, según figura en el acta de sesión de fecha 29 de Setiembre de 1877, como consta en los archivos del consejo.

Etimología de Paita

La palabra Paita, proviene de Payta, con “y” griega, y esta a su vez del vocablo ancestral Tayta, que en la cultura Inca significa: Dios, Padre, Amo y Señor.
Este término que adquiere la ciudad, se origina por el monte místico Cerro Azul, fuente de energía natural, donde los viajeros y pobladores de Colán eran testigos de constantes señales divinas, y hasta la actualidad los habitantes de las caletas La Islilla y La Tortuga continúan observando luces misteriosas en el cerro y relatan que han desaparecido muchas personas por los llamados “encantos del Cerro Azul de Paita”.
Paita, fue un lugar elegido por Tayta (Dios), para impartir conocimientos y enseñanzas a algunos pobladores; con el pasar del tiempo al aposento sagrado donde se decía descendía siempre desde el cielo Tayta y sus siervos, los invasores españoles lo tildaron como “La Silla del Diablo”, porque consideraban una blasfemia a sus creencias religiosas, las cuales impusieron a los incas de Colán, Tayta y Amotaxe; ignorando que el Tayta Wiracocha que era para los incas el supremo Dios Creador, equivaldría para algunos al “Dios Yahvé ó Jehová”. Las capullanas se originan en Colán, en donde también existían reconocidos personajes por su alto poder espiritual, su santuario fue sometido por los españoles, edificando en el mismo lugar la primera iglesia en Sudamérica.

El nombre Payta, representa a una nación ancestral que existió también en la época Pre-Inca; en la época colonial llevó el nombre su líder o cacique, hasta su último dueño y gobernante que fue el cacique José de Payta. (Lo encontramos en el archivo Regional de Piura como secretario para elegir al Presidente del Perú en el año 1822).

El paleontólogo Edgar Herning (1960) recolectó vestigios en 1978 considerando a este grupo cultural muy evolucionado, informando que desde hace 9000 años ya existían los pueblos primitivos de la Costa como Colán, Tayta y Amotape.

El obispo de Trujillo Martínez de Compañón en 1783 demuestra que los incas de Tayta tenían su propio idioma, y nos alcanza palabras castellanas que se traducían: Shi (sol), Sha (luna), Ni (mar).

La palabra Payta, se promociona con “y” griega, tras ser fundada por los españoles el 30 de abril de 1532, convirtiéndose en el puerto mas famoso del Pacífico, el Primer Puerto del Perú y la madre tierra de la región, durante la época colonial.
La palabra Paita, con “i” latina se promueve en la época republicana, tras ser creada como provincia el 30 de abril de 18888; sin embargo aun se observa la frase “El bienestar de Payta es mi mayor anhelo” con “y” griega, en un documento enviado a la municipalidad en 18888 por el congresista por Paita, Miguel Grau, que por su riqueza espiritual, es llamado el caballero de los mares, el peruano del milenio e hijo inmortal de Paita.
En resumen, por su privilegiada geografía, su encanto turístico natural, la Luna de Paita y el Sol de Colan, sus riquezas, personajes y su misticismo, Paita es “la ciudad de Dios”.
Nota.
- Existen otras versiones etimológicas de la palabra Payta, de historiadores que opinan sin fundamentos, desorientando a la comunidad virtual, y atentando a la verdad y a la cultura.

- Según un explorador Alemán, sostiene que el Cerro Azul de Paita, ha sido escenario del fondo del mar, y que durante el Imperio Inca, este ha sido un segundo imperio, que tiene muchos tesoros Incaicos encerrados y sepultados. Por tal motivo, los paiteños deben supervisar siempre las excavaciones que realiza la minera Andalucita, velar por este patrimonio patentado en nuestra bandera como símbolo de Paita, y fomentar el turismo de aventura al Cerro Azul de Tayta, porque posee fuerzas y maravillas extraordinarias.